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Monthly Archives: febrero 2014

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* Fueron creados hace 32 años por Scott Fahlman; ahora son lingua franca
* Parecerán torpes e infantiloides, pero en la era de los quick-clicks y los mensajes instantáneos sirven para comunicarnos en una forma que va un paso más allá de lo puramente textual

Tal vez los lectores no conocen al profesor Scott Fahlman, de la Universidad Mellon Carnegie de Estados Unidos, pero, les guste o no, ese experto en computación cambió el cableado mental de todos nosotros. En 1982 estaba escribiendo en el tablero de avisos de una universidad especializada en electrónica y se le ocurrió un comentario en broma acerca de un elevador en el campus. Para que nadie creyera que era una advertencia de peligro real, terminó su letrero con un 🙂 y sugirió que sus colegas hicieran lo mismo. También promovió 😦 como signo de seriedad.

En cuestión de días el símbolo dos puntos-guión-paréntesis se había extendido por el campus, y en un mes había incursionado en la Universidad de Stanford, montado en un mensaje de correo electrónico. Treinta y dos años después, los emoticones son tan ubicuos en línea como Cara Delevingne. Fue como en los días de los barcos de vela, cuando los exploradores llegaban a una nueva isla, se iban y dejaban una colonia de ratas, señala Fahlman. Al extenderse la Internet, también se propagaron las caritas sonrientes.

CONTINUA EN http://www.jornada.unam.mx/2014/02/21/espectaculos/a11n1esp

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Son 6 millones de estudiantes los que actualmente están tomando alguna clase en Coursera, un centro de educación en línea gratuita. Para tener una idea: es el equivalente a casi  20 veces el alumnado de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) durante todo el 2013.

Esta “universidad” de los nuevos medios y su legión de estudiantes nos recuerdan que en Internet, además de la comunicación, también es importante el crecimiento personal.

Si bien los posgrados en línea son cada vez más comunes, hay muchas otras modalidades de estudio que han emergido recientemente.

En parte, esto se debe a la flexibilidad que permiten dos propiedades de la Red: la comunicación instantánea e interactiva (como en conferencias, chats, ejercicios y redes sociales) y la administración de contenido (archivos, calendarios, gestión de publicación y roles de usuario).

Estas fuerzas “opuestas” coinciden en la nueva oferta educativa. Nos permite no solo hablar de distintos niveles, sino también de distintos ritmos. Ahora hablamos de MOOCs (cursos masivos en línea), de webinars (seminarios en Web), de cursos “certificados” en línea y también de apps que enseñan.

Los estudiantes tienen la posibilidad de escoger la guía puntual de un profesor, de aprender junto con una comunidad, o bien, sin ninguna agenda, de poder hundirse en las lecturas y ejercicios siguiendo sus propios tiempos.

La nota continúa en:
http://www.reporteindigo.com/piensa/sustentabilidad/harvard-un-click-de-distancia

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Arturo Sánchez Jiménez

Periódico La Jornada
Lunes 10 de febrero de 2014, p. 41

Estar siempre conectados a la red, ya sea mediante una computadora, una tableta o un teléfono, nos satura de información que vuelve a nuestras mentes dispersas. Y los celulares, Internet y otras tecnologías de la información también son usadas por los niños, quienes crecen con ellas.

A esto no se le puede dar la vuelta, las tienen y las van a tener a lo largo de su vida, así van a vivir. Lo que tenemos que hacer es dotarlos, con la misma tecnología, de capacidad de análisis y pensamiento, opina Juan Carlos Olmedo, director del Departamento de Estudios Culturales del Tecnológico de Monterrey y coordinador de Mati-Tec, un proyecto de enseñanza dirigido a niños de primaria, quienes aprenden matemáticas en teléfonos inteligentes.

Hoy es común que las mentes padezcan dispersión absoluta y falta de profundidad a causa de su contacto permanente con las tecnologías. Olmedo pone un ejemplo: Le puedes pedir a un alumno de preparatoria 200 hojas de un proyecto y en 20 minutos las tiene. ¿Pero cuánto de eso habrá leído? ¿Cuánto recordará? Hoy se tiene acceso a mucha información, en cambio antes sólo tenías tres libros, debías leerlos detenidamente, analizarlos, aprenderlos.

Sin embargo, dice, no se puede volver al pasado. “La tecnología está aquí y nos toca vivir con ella, además de que –en su opinión– puede ser una herramienta muy poderosa para la educación infantil, siempre que los niños sean guiados y acompañados por padres y maestros para que no se aislen y aprendan a elegir de entre el mar de información a la que pueden acceder”.

CONTINUA EN
http://www.jornada.unam.mx/2014/02/10/sociedad/041n2soc